20091025

el río


me acosté la noche pasada, intenté descansar
mi mente estaba muy alborotada, como un ganso salvaje
del oeste


Skip James - Devil Got My Woman


la primera vez que fuimos niños
sordos en esa lluvia de todos,
los días no decían nada
que no fuese gritar el azul de los cielos blancos.

despertábamos sin creer las mentiras del tiempo, querida,
pasábamos meses, años de agua
atrapados en ese instante antes de despertar

pasábamos como pasan los ríos por las ventanas
cambiando lo suficiente para volver a ser los mismos
que miran al mismo muro oculto en el ojo.

La primera vez que fuimos niños
hablábamos como hablan los cuartos sencillos
para personas solas.

y perdimos de vista todo lo que alcanzó a cambiar
de a poco
cerrando los ojos en noches abiertas
a veces
un poco más tranquilos
un poco más secos.

20091014

ustedes.



I looked down the bar, at the bartenderHe said, "Now what do you want Johnny?"
One bourbon, one scotch, and one beer
One Bourbon, One Scotch, One Beer - John Lee Hooker



por todos los ojos del ojo
alguien llora
lluvia de lobos


una ciudad hecha a pedazos
a pedazos de cartas y aullidos
redondos como mundos negros y mojados.


y detrás de la ciudad
otra ciudad
a veces más grande e inútil
que el tiempo de los ríos.
a veces más pequeña y valiente que el rostro de los amigos y de los faros


y bajo esa luz,
se dibujan los cerros de otro viejo valparaíso
ardiendo en todos los ojos del ojo
bajo todos los cielos de cielo.

20091006

REUNIENDO


ENCUENTRO DE POESIA:

MIÉRCOLES, 7 OCTUBRE, EN EL BOLIVARIANO



EMBRIAGAOS Hay que estar siempre borracho. Todo radica ahí: es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo, que destroza vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, es preciso emborracharse sin tregua. ¿Y de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo, pero emborrachaos. Y si alguna vez os despertáis en la escalinata de un palacio, en la verde hierba de un foso, en la mustia soledad de vuestro cuarto, habiendo disminuido o desaparecido la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro al reloj, a todo lo que huye, gime, rueda, canta y habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el reloj os responderán: "¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos martirizados por el Tiempo, emborrachaos, emborrachaos constantemente! De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo". (C.B)

20090911

Millán

53.

El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente se devuelve por los cables.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás.
Los “rockets” suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Argentina es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Uruguay es un país democrático.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra. Canta.
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece. Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando.
¡Venceremos!

20090830

Diarío de un hijo de perra mal parido

Cassius Marcelus Coolidge - "A Bold Bluff"



"Diario de un hijo de perra mal parío".


5 Abril.




I can tell the wind is risin', the leaves tremblin' on the tree
Tremblin' on the tree
I can tell the wind is risin', leaves tremblin' on the tree
All I need is my little sweet woman
And to keep my company, hey, hey, hey, hey, my company

Robert Johnson - Hellhound On My Trail
(escuche acá)



Tenemos un nuevo recluta. Lo seguí desde subida ecuador hasta un cerro llamado Forestal. Era un tipo ni tan alto ni tan bajo, ni tan joven ni tan viejo. No tenía aroma a borracho. Pero caminaba como si se hubiera tomado hasta el florero. Yo estaba de civil en un bar que se llama "El perro negro". Me gusta el nombre. Tenía una cerveza helada. No la bebía. Sólo la tenía ahí dejando que se entibiara. Quería que estuviera bien tibia y bien mala para rompérsela en la cabeza a algún gil. Creo que todos los del bar tenían ese mal aroma. Los odio. Creo que era gente joven. Entre 18 y 28 años. Parecían felices de estar tristes, o tristes de estar felices. Montón de simios sínicos. Ninguno era de Valparaíso. Parecía que todos eran de otras regiones. O de otros países. O de otros mundos. No me vio nadie. Esperé a que uno fuera al baño. Lo seguí con mi botella de Báltica tibia en la mano. Creo que me molestó que vistiera un chaleco amarillo. No estoy seguro. Esta vez no se por qué pasó. Casi siempre se por qué cuando mato a alguien..

Fue afuera del bar cuando lo comencé a seguir. Pasó frente a mí y no sentí ganas de matarlo. Es uno de nosotros, estoy seguro. De esos que miran sin ser vistos. Como un buen sabueso fantasma. ¿Por qué estoy seguro? porque no me molestó nada de su aroma. Lo seguí hasta plaza Aníbal Pinto. Me gustan las plazas con nombre de presidente. Vi que recogía colillas de cigarro del piso y se las fumaba. Me dio asco. En un principio pensé que era un Derby corriente. Por el olor. Después me di cuenta que era un Fox de contrabando. Uno de los largos. Son los peores cigarros que existen. Pero este parecía disfrutarlo. Me puse al lado de un árbol primero. Escondiéndome Lo veía bien. Mientras se fumaba las colillas del piso leía algo. Era un libro sin tapa, con hojas de roneo amarillento. Hay algo que debo reportar acerca de eso: No fumó ninguna colilla de los Belmont que estaban tirados. Solo se fumaba los cigarros malos. Creo que lo hace para esconder su aroma. Yo me senté cerca de una fuente de agua que tiene la estatua de un Dios griego. Para disimular que lo estaba mirando me rasqué como si tuviera muchas pulgas. Después hice como si estuviera durmiendo. Pero tenía las orejas listas y el ojo izquierdo a medio cerrar. Me hubiera gustado tener el revólver cerca por si salía corriendo. Yo ya no corro como antes. Se fue de la plaza a la mitad de la madrugada. Ahí me quedó claro que era uno de ellos. Ningún otro se queda tanto rato leyendo sin dormirse. Sobre todo un libro sin tapas. Se dirigió a un paradero de micros. Suerte mía. A la mitad de la madrugada no pasa casi ningún vehículo. Tendría que esperar mucho. Aproveche que tenía tiempo y abrí una tapa de alcantarilla. Ya estoy aprendiendo a usarlas bien y siempre hay alcantarillas cerca. Me puse mi uniforme verde de servicio y cargué mi revolver. Prefería seguirlo en la moto. Si este esperaba micro es porque no era de por acá y el viaje sería largo para hacerlo a pie. Se subió a un bus que tomaba el camino de Avenida España. Aproveché el viaje para mirar el mar. Que bueno que construyan caminos al lado del mar De noche es como si se llevaran el mar a otro lado y dejaran un hoyo negro. Negro como hocico de perra en celo. Me gusta el mar de Valparaíso por la noche.

No encendí la baliza. Mejor pasar desapercibido. Cualquier descuido y uno pierde el rastro. Siempre pierdo el rastro de los aromas que no odio. Informé al cuartel de carabineros que estaba en un seguimiento de carácter cauteloso. Di la descripción del sospechoso y el jefe envió un helicóptero negro sin luces y silencioso para mi pesquisa. De esos que no ve nadie. Desde abajo parecía un alacrán mudo, oscuro y con hélice. El jefe sabe que no me equivoco.

El sujeto bajó del vehículo en plaza Forestal. Por suerte hay una comisaría cerca. Allí estaban de turno el Comegato, el Loro Pascual y otros que no conozco. Jugaban a las cartas. Los saludé y les pedí que le echaran un ojo a la moto. Al salir de la comisaría ya no podía velo.. Pero seguí su rastro hasta una escalera sin fin. Procedí a pie detrás de él, siguiéndolo sin emitir sonido. No recordaba que estos cerros tuvieran escaleras tan largas. Cuando lo alcancé tenía un lápiz y una hoja en la mano. Comprendí que era de esos que escriben. Me acerqué a él moviendo el rabo alegremente. Traté de estirar bien el hocico para que pareciera que sonreía. No quería que saliera corriendo al verme. Creo que se sorprendió un poco porque cuando me vio se quedó quieto sin decir nada. No le hice un control de identidad. Hubiese sido inútil. Estos nunca tienen carnet. Desenfundé mi 38 reglamentario con una mano y lo interrogué en el acto.
¿Escribes? ¿Sabes leer? ¿sabes porqué te busco?. Respondió afirmativamente a todas las preguntas sin pronunciar palabra. Le dije que tenía un trabajo para él, pero que primero tenía que matarlo. Me miró con esa cara que ponen estos simios lampiños cuando comprenden que no pueden hacer nada más. Cuando comprenden que no pueden seguir huyendo. Le expliqué que yo era un hijo de perra. Mi padre era un lobo. Y necesitaba que alguien escribiera mi vida. Que escribiera que existo. Los hijos de perra escriben muy mal. Me respondió encogiéndose de hombros. Lié un pitillo de tabaco Aconcagua con aroma a chocolate. Le ofrecí una pitiada. Pero sacó un Dorchester de contrabando y se lo fumó fingiendo que le gustaba. Le pregunté si aceptaba. Tenía los ojos cerrados mientras movía la cabeza, asintiendo. No me gusta que cierren los ojos en el último momento. De todas formas, le pegué un balazo en la nuca y me lo llevé a las alcantarillas.

20090715

un fragmento

(Egon Schiele - Eremiten)


lo que se ve. (fragmento)
(a Carlos Lazo)



Alguien mira una carta
volver de las cenizas
volver a cuando las palabras eran horas
y pasaban y se leían entre ellas
como se leen los ciegos en la desnudez del tiempo.

Se reúnen las cosas que siempre vuelven
los muros llenos de rostros desaparecidos,
el humo de las panaderías, los autos abandonados...
en fin, todo eso que está antes de nombrar los días.

Alguien le pregunta al lodo y a la sangre
"¿qué era, después de todo la locura?"
el lodo y la sangre responden con un tiempo que se desata
con un despertar en banderas rojas,
de ojos que anochecen en un vaso de ron sin nombre,
de caminos trazados con coca,
con la voz del frío que descalabra los siniestros dientes de las horas.

Alguien mira sobrevivir
los espejismos de la ciudad en las quebradas
otra tarde, otra mañana,
un día como millones de días



se toman por aciertos los errores
los errores en el papel son palabras nuevas.

20090713

san pablo panza de buda

(Egon Schiele - la muerte y la mujer)




fue el cumpleaños de neruda. para que decir más cosas del viejo.




La poesía


Y fue a esa edad... Llegó la poesía a buscarme.
No sé, no sé de dónde salió,
de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca no sabía nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
y vi de pronto el cielo desgranado
y abierto, planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío constelado,
a semejanza, a imagen del misterio,
me sentí parte pura del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.

20090612



Aún era verano cuando le robamos los ojos a los árboles y los hicimos rodar como relojes a cuerda. Era una edad de manzana, de bicicletas rotas de ojos como ampolletas. Eran días resbalosos como quimeras, días sin anclas sin cables a tierra.
El jardín estaba siempre lleno de cosas sin acabar y de árboles sin hojas.
Eran globos o círculos de humo, viejo. Era humo al fin y al cabo.
Aún era julio cuando los malos amigos se internaban en la selva, la mala vida les robaba el corazón o los escondían dentro de los ojos de los callejones como si fuera septiembre, y en la radio sonaban canciones sucias habladas en inglés, las micros subían chillando resortes oxidados y rancheras y en las esquinas, calladitos, los asesinos y los pasteros recitaban poemas que no ha escrito nadie.
Me gustaban las tardes en el cerro cuando andabas por acá y no llamabas nunca, cuando mi vieja no elegía las mejores flores del patio pàra ir a dejártelas a la tumba chica y helada donde te dejaron.

20090604



PECERA

que no te de pena la nada que de noche

derrite los polos de mundos negros, húmedos y redondos,

como ojos recién abiertos.


que no te de pena la canción

de los que naufragan en el agua en los despertadores

y marchan al lunes por la mañana como si fuera un miércoles cualquiera,



que no te bajen

con sosiegos ni con luciérnagas

del filo de los sueños

y ya no llores cuando en una pieza vacía alguien apague una luz

como quien le saca un ojo a un árbol,



que no derriben aviones de papel

con bombas en los telegramas.

que la niebla de la ciudad

no trague más trenes cargados de canallas.



que no te de pena

cuando a los botes salvavidas vacíos y a la deriva,

a las ambulancias en pana

y los camiones de bomberos en llamas...

los ahogue la lluvia


si los pies no dan con fondo

es porque el mar no acaba.

20090527







1

No vi las arañas que ennegrecen
las hojas de los libros, y las cartas de los reos
tampoco les pedí que me siguieran ni que me contaran secretos,
sin embargo, aquí están caminando despacio, como si fueran mis amigas.
me han dicho que afuera ladran
y les gustaría quedarse escuchando como si escucharan al viento
afuera alguien corría, desesperado
y tratan de pensar que era la voz de una sirena invocando a los náufragos.

Yo escucho que sonríen a mis espaldas como un gato acorralado
las escucho sonreír como niños lanzándose por la quebrada
en cartones o en autos robados.

también se que lloran
y lloran como tacones de aguja taladrando la calle
como el ruido que hace la esperanza al cambiar de vereda.

me han dicho que afuera disparan
y yo le digo que no son balas
los balazos suenan como si el cielo deshojara sus estrellas
como si a alguien le arrancaran los lunares
son desconocidos hablando en trenes fantasmas
a altas horas de la madrugada, con los ojos y la boca llenas de arena.
hablan de manos frías y de las palomas que no vuelan de noche
y lo inútil que es retratar lo que atardece
y suenan como una linterna
apuntando a las hojas de los libros y a las cartas de los reos.

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