arriba en el cerro.

arriba en la campana
a paloma, denís, carolina, mauro


No importa morir arriba,
con los buenos lobos ,
dándole la cara al viento.

No importa que la noche te siga con sus miles de voces
y se te llene la mirada de pájaros,
siempre amanece en los ojos transparentes.

No importa morir arriba
donde el tiempo se detiene abrazando las piedras.
Aquí no sube nadie que no venga a nacer.

nunca tanto como ahora

a valpo


todos estábamos soñando en la orilla
soñábamos, a veces, con tardes húmedas que cabían en la palma de la mano,
el mar se cansaba de morir a tus pies y se retiraba en silencio
los cerros olvidaban sus pequeñas casas
a sus hombres atrincherados en las botillerías de la madrugada
y ardían con el color del oro cuando no existe.


y nunca tanto,
nunca como ahora
soñar los días más pequeños en ciudades que sólo existen en el silencio
soñar el río imaginario que cruza la memoria
soñar a los ahogados que aún respiran bajo el agua


Aquí y ahora
la tarde dura una vida.
En un cuarto desalojado de tu mente, se reúnen y lloran
los desaparecidos años de la nada
Una casa sola sin ventanas
una habitación tan delgada y transparente como ellos.
una tarde derretida, repartida en el recuerdo,
una tarde en el traje de todos los días;
todo el atardecer en los bolsillos,
los pantalones rotos llenos de noches intemporales
ahí están todos los que han muerto en ti,
todos los padres y las madres,
los hermanos y los compañeros de quienes ya nadie escribe.
resucitan uno a uno y uno a uno se van.


Nunca tanto como ahora
mirarte con los ojos de la soledad,
mirarte con los ojos de las palabras que se dicen en los reencuentros
y que se cantan a la vida,
mirarte en los ojos de los que ven volver el mar.


cada atardecer amanece
los días se cierran y cruzan la noche
son pájaros negros enamorados del aire,
bengalas en los cerros de Valparaíso.
te cubres los ojos, porque mirar a veces duele
pero los ojos se llenan de arena y agua,
porque también has llorado a la luz de una mañana limpia.

nunca tanto,
nunca como ahora
escuchar como renace el jardín de los días buenos,
antes de perderlo en los presentimientos,
como aclaran las mañanas de la noche abierta en nuestro fin del mundo,
escuchar como llueve en secreto, sin que nadie lo note
hasta limpiar esa nada
que a veces se queda con nosotros.

haciendo como que se dibujar


















Deshielos.




así se continúan los días
ola tras ola
bengala tras bengala
estrella errante tras estrella errante

todo lo que arrancas del cielo
con la desesperación de un condenado a muerte
o de un recién nacido
abriendo y cerrando las manos en el aire
ahogando en la arena
rastros de otros deshielos.

manos que se aferran
desde la contracara de los cristales
a los rostros hechos humo
amores amortajados, desplumados y abiertos en canal,
al odio descascarado
puesto a secar en un calendario
que juega a no estar.

así se desprenden de la carne
de los huesos,
de lo más brillante en los ojos
de lo más transparente
de las aguas más turbias
y espesas

como una carta escrita a mano
lanzada a la tempestad.
se desprenden de la carne
los fuegos fatuos
las imágenes inmortales
llenas de sangre

de sangre de otros cielos como este,
y agitas convulsivo tu cuerpo, y con él tu vida
y con ella toda el agua que ha pasado entre tus dedos.

así se descontinúan los días,
ola tras ola
frío tras frío
balazo tras balazo

y descubres que nuevamente has salido de la caverna
has tomado un vaso de cerveza
has hecho el amor
te has guardado un poema en el bolsillo
y has encendido un cigarro en una playa desierta
y ahí está el rastro de humo
la serenidad de otros deshielos
la calma de otras vidas
y de otras muertes

y de otras ventanas
abiertas de par en par
para que vuelva siempre
a quemar los cuartos cerrados
el sol de todos los días

Soñando Forestal.




las calles de este cerro viejo
se hicieron mientras la ciudad dormía

y en forestal se miraban a los ojos
mientras soñaban
esos que estaban locos y vivían arriba,
más arriba de la cima,
donde nada crece
de donde nunca se baja.

ocultos en los paraderos soñaban estas calles
los zapateros anarquistas, los niños que exploraban
las quebradas llenas de cavernas
en busca de flores venenosas,
los siempre ebrios, los asesinos que a veces
también creían en Dios.

las madres trabajaban hasta tarde,
más tarde aún que después de la última hora de la madrugada
en las casas grises y monstruosas de la ciudad
Se refugiaban en los patios hechos de hilos de araña
que es el hilo con que se enhebran los ríos en los sueños.

casas pequeñas y mal pintadas
pero limpias, profundas y claras
como el sueño de un recién nacido.

las abuelas, duermen en esos segundos
en una verdulería
en un mediodía
mi abuela
tan hermosa y morena
en los jardines de la memoria.
Arrugada y celeste
cubierta de luz
en el cieloscuro de las tormentas;
soñó, quizás, contigo.

y ahora que acá nos olvida el mar,
y no hay ningún, ningún hombre que se acuerde de nosotros
porque esos hombres, cariño,
esos hombres que contratan policías
no sueñan con nadie.

Ahora que parece ser tan tarde
debemos recordar lo que decían los muertos:
que los perros también duermen solos
mis perros negros, mis perros blancos
tarde, ya. En la noche
duermen solos
soñando las calles de éste cerro viejo,
donde no es necesario dejar de soñar para estar despierto.

una tarde



un hombre cualquiera y los brazos tensos
sostiene por los puños
sus propias manos,
mojadas en el charco de un sueño.

y lo que ya nadie se dice al oido
los nudos de un grito
las amarras de un rostro pensativo

mira a través de un muro transparente

un día se inunda de días
agua de ojos
tanta agua blanca
pasando por tantos ojos,
un hilo de plata
atravesando una mancha en el pecho,
un hombre cualquiera
desaparece con el sol que se va contigo y con las tardes.

el río


me acosté la noche pasada, intenté descansar
mi mente estaba muy alborotada, como un ganso salvaje
del oeste


Skip James - Devil Got My Woman


la primera vez que fuimos niños
sordos en esa lluvia de todos,
los días no decían nada
que no fuese gritar el azul de los cielos blancos.

despertábamos sin creer las mentiras del tiempo, querida,
pasábamos meses, años de agua
atrapados en ese instante antes de despertar

pasábamos como pasan los ríos por las ventanas
cambiando lo suficiente para volver a ser los mismos
que miran al mismo muro oculto en el ojo.

La primera vez que fuimos niños
hablábamos como hablan los cuartos sencillos
para personas solas.

y perdimos de vista todo lo que alcanzó a cambiar
de a poco
cerrando los ojos en noches abiertas
a veces
un poco más tranquilos
un poco más secos.

ustedes.



I looked down the bar, at the bartenderHe said, "Now what do you want Johnny?"
One bourbon, one scotch, and one beer
One Bourbon, One Scotch, One Beer - John Lee Hooker



por todos los ojos del ojo
alguien llora
lluvia de lobos


una ciudad hecha a pedazos
a pedazos de cartas y aullidos
redondos como mundos negros y mojados.


y detrás de la ciudad
otra ciudad
a veces más grande e inútil
que el tiempo de los ríos.
a veces más pequeña y valiente que el rostro de los amigos y de los faros


y bajo esa luz,
se dibujan los cerros de otro viejo valparaíso
ardiendo en todos los ojos del ojo
bajo todos los cielos de cielo.


ENCUENTRO DE POESIA:

MIÉRCOLES, 7 OCTUBRE, EN EL BOLIVARIANO



EMBRIAGAOS Hay que estar siempre borracho. Todo radica ahí: es la única cuestión. Para no sentir el horrible fardo del Tiempo, que destroza vuestras espaldas y os inclina hacia el suelo, es preciso emborracharse sin tregua. ¿Y de qué? De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo, pero emborrachaos. Y si alguna vez os despertáis en la escalinata de un palacio, en la verde hierba de un foso, en la mustia soledad de vuestro cuarto, habiendo disminuido o desaparecido la embriaguez, preguntad al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro al reloj, a todo lo que huye, gime, rueda, canta y habla, preguntadle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el reloj os responderán: "¡Es hora de emborracharse! Para no ser esclavos martirizados por el Tiempo, emborrachaos, emborrachaos constantemente! De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo". (C.B)

53.

El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente se devuelve por los cables.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás.
Los “rockets” suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Argentina es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Uruguay es un país democrático.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra. Canta.
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece. Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando.
¡Venceremos!

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